Resulta imposible medir las consecuencias de nuestro proceder. Pero de algo siempre uno está seguro, y es exactamente eso lo que nos da certeza sobre nuestro accionar.
Hoy, a dos años, puedo decir que sin esos momentos, hoy yo no existiría, al menos como lo hago.
Tal vez sea difícil captar cuándo, cómo, por qué.
Y todo se originó en aquel agosto.
Porque no venía siendo un buen año, y no fue un buen viaje. Pero allí, nací.
Comencé a sentir.
Ahi me dolió por primera vez. Y dolió amargamente. Porque no hay peor llanto que el llanto amargo de la oportunidad perdida. Ni la pena, ni el pesar, ni el cansancio o el hastío duelen tanto como ver desperdiciado lo que uno mas precia.
Y es, justamente, la sensación de que el agua se te escurre de las manos. De querer gritar y que la voz no salga.
Lo de estas ultimas semanas era realmente impensable hace dos meses.
Lo venía presintiendo, es cierto, pero algo cambió, algo fundamental.
La accion precedió al momento.
Y eso, es de importancia capital.
8.12.2007
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