6.27.2007

El espejo mágico




¿De qué lado del espejo estoy?

El doble. Bueno o malo. Perverso.
Infinidad de instantes no somos sino otros. Una suerte de personificación de nuestros más profundos recovecos.
El reconocimiento es imposible, desde que hay alguien que se ha apoderado de nosotros.
Pero tranquilos, nadie habita en nuestro ser.

Muchas son las verdades, nuestras dirán algunos, que no controlamos.
Muchas las realidades que se suceden frente a los imperturbables ojos, reflejo de un interior vacío.

Y, así y todo, las idas y venidas se cierran en un círculo perfecto, una especie de danza que roza lo macabro, y coquetea con el destino.

6.17.2007

Useless...

¡Qué ternura!

Recomendado por el Sr. Groso.

Para lu



y ahi si, haces chino del resto con todos los factores coprimos, eso me quedo en el tintero de la conversacion del msn q se cerro

6.15.2007

El Golem

Si (como el griego afirma en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.
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Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.
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Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.
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Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.
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No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.
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Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave.
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La Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.
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El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores,
y ensayó temerosos movimientos.
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Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.
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(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem.
Estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)
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El rabí le explicaba el universo
(Esto es mi pie; esto el tuyo; esto la soga)
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.
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Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tal alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.
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Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.
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Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)
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Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.
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El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. ¿Cómo (se dijo)
pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?
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¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?
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En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?
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Jorge Luis Borges - 1958

6.11.2007

La casa de Asterión.

Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro, Biblioteca, III,I
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Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito*) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
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El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.
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Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
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No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol;. abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
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Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto.
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¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
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El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
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-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.
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FIN
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* El original dice catorce, pero sobran motives para inferir que en boca de Asterión, ese adjetivo numeral vale por infinitos.

6.10.2007

Trovador solista.


Contador de historias.
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Custodiando la entrada.

6.09.2007

Salta, la linda.

Salta es divina, sencillamente espectacular...

6.07.2007

Raíz n-ésima de p (II)



Una demostración propuesta por un GROSO, el señor Dieguito. Un grande de verdad, aparece por ahí en alguna de las fotos. La verdad, este año se lo vio poco por Exactas. Dieguito si lees esto ¡aparecé por Ciudad!

P.D. : se siguen recibiendo demostraciones alternativas.

6.04.2007

Enemigos íntimos


Algunos de los que me quieren ver muerto.

6.03.2007

Purmamarca


Uno de los lugares más lindos de la Argentina, lejos.

6.02.2007

Volvamos a empezar


Porque te necesito. Porque me querés. Porque te hago reir. Porque me hacés bien. Porque pasamos momentos juntos. Porque cometí errores. Porque te gusta perdonarme. Porque hay veces que te harto. Porque me encanta escuchar tu voz. Porque tus días sin mí no son lo mismo. Porque tengo mis locuras. Porque te portaste mal. Porque lloraste. Porque no soy yo sin vos a mi lado. Porque tus ojos son los más lindos de todos, y tu mirada la más dulce.
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No hay palabras que remeden lo hecho. Sólo cuando las cosas se hacen mal, aparte del trago amargo, nos es patente la sensación de que cuando las cosas se hacen bien no es casualidad.
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No sé a donde nos va llevar esta historia...
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Sólo sé que la deseo recorrer con vos. Que la quiero construir con vos.
Somos lo que somos, pero también lo que la persona que amamos hace de nosotros.
Y, aunque soy dueño de mi destino, anhelo que vos también lo seas.
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Empecemos de nuevo...