1.25.2009

El odio de estos días

Por José Pablo Feinmann
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Uno de los mails que recibí durante estos días me pareció no sólo doloroso, sino revelador de un estado de espíritu que atraviesa la derechizada sociedad argentina de estos días. Esta derechización no tiene nada de extraño pues el mundo ha girado a la derecha y en los países ricos surgen el fascismo, el neonazismo, la violencia contra el diferente, la incapacidad del diálogo, el desprecio de la democracia. Estuve –por cuestiones literarias– unos quince días en Europa y la xenofobia, el racismo y la violencia que conllevan son moneda de todos los días. Todos piden que se expulse a los inmigrantes, que no se los deje entrar. Se levantan muros legales o muros reales, como el que levanta Bush contra los mexicanos. El mundo está entre la derecha occidental y el irracionalismo extremo del islamismo. Entre tanto, habían surgido algunos gobiernos tenuemente populistas en América latina, a los que se toleró durante un breve tiempo y sobre los cuales las embestidas son cada vez más feroces. Se trataría de quebrar algunas opciones de esos gobiernos: reemplazar el Mercosur por el ALCA, abjurar de todo gesto de intervencionismo estatal, eliminar cualquier intento de redistribución de la riqueza, concentrar definitivamente los medios de comunicación en el sistema comunicacional que establece hegemónicamente Estados Unidos (con matices, pero sin diferencias notables), desterrar todo lo que apeste a populismo. Si esto se hará democráticamente o no es difícil decirlo. A Chávez, entre la oposición política, los medios de comunicación y el apoyo de Estados Unidos, estuvieron por voltearlo. Lo que se nota en la Argentina es un factor que acaso (porque así es este país) se manifieste con más potencia que en cualquier otra parte: el odio. Sencilla, simplemente, poderosamente el odio. Si alguien pudo pintar: “Cristina vas a morir como Evita”, todo es posible. Si a Cristina se le endilgan insultos del calibre más bajo, más obsceno y si, para peor, son las mujeres las que principalmente lo hacen, uno se pregunta: ¿qué pasa? Supongamos que el gobierno de Cristina Fernández no le cae bien a un sector de la población, pero: ¿es para tanto? ¿Es para injuriarlo más que a Menem, que a De la Rúa? Sabiendo (y aceptando en alguna medida) que a otros gobiernos, sobre todo al militar, no se les dijo nada de esto.
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Tomo un ejemplo. El cantante Ignacio Copani escribió una canción. Yo no conozco a Copani. Pero ése no es un problema de él, acaso sea un problema mío. Escucho música clásica desde joven y no he logrado moverme de ahí. Hay quienes intentan hacerme “entrar” en el rock, pero no lo logran. Lo siento. La cuestión es que Copani compuso una canción que lleva un título traslúcido. Se llama: “Cacerola de teflón”. Debe tratarse de una crítica al sector social pro-agrario que se manifiesta en las calles con los utensilios que tiene en su cocina según su pertenencia en la escala social. Las cacerolas que tiene son de teflón. Copani canta su letra. Dice lo que tiene que decir y ahí empieza la invasión mediática. El “foro”, en Internet, tiene un anonimato que facilita la agresión y hasta el insulto más soez. Facilita la expresión del odio. De este modo, Copani dice que, a raíz de su canción, recibió algunos mensajes afectuosos. Pero: “Pero he recibido también otro tipo de contactos llenos de reproches, cargados de odio, regados de violencia, intolerancia, agresión y con un espíritu inquisidor que no creí que anidara todavía en gente de mi comunidad. He sido amenazado, agraviado, insultado, difamado, calumniado y, peor aún, han sufrido ese tipo de atropello miembros de mi familia. No me refiero a los impunes foros de Internet sino a e-mails, cartas y llamados recibidos”. ¿Qué pasa? ¿Dónde estamos viviendo? ¿Esta es la ciudad de Buenos Aires? ¿Esta es la capital cultural de América latina? ¿De dónde salió esta tropa de asalto, organizada, feroz, violenta al extremo de estar a las puertas de la agresión física?
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Sigue Copani: “Aquellos que piensan que la Sra. Presidenta de mi país me paga por verso, recital u opinión, simplemente están expresando su propia escala de valores y asumiendo que ellos mismos podrían torcer sus convicciones a un precio determinado. Yo no”. Este es otro toque infaltable de este periodismo del odio. Afirma: todo aquel que se manifieste a favor de este gobierno lo hace por interés. En cambio, si “el campo” llena la Plaza ahí está la patria, la tierra, los valores centenarios, la clase rural que hizo la grandeza de la patria. Si la llena el Gobierno son todos gronchos traídos en los camiones de Moyano, o bandoleros de D’Elía, o desdichados que están ahí por un choripán. Y esto lo dicen periodistas con una trayectoria. Que de pronto se han erizado también de odio. Algunos de ellos cambiarán milagrosamente no bien el Gobierno arregle con sus patrones, con los grupos económicos para los que trabajan. La conversión ideológica del periodismo en los últimos tiempos ha sido vertiginosa. Incluso conozco mucha gente que lo detecta. “¿Viste? Fulano ahora ya no está en contra de Cristina”. “Y claro: si la empresa para la que labura arregló con el Gobierno.” Hay, sin embargo, un ingrediente genuino en este periodismo que acaso ni puedan variar, aunque el grupo mediático para el que trabajan les dé la contraorden: su antiperonismo. El odio gorila pocas veces penetró tanto en nuestra sociedad. Y peor aún: el odio a la generación del ’70. Lo peor que se le puede decir a alguien es setentista. Y al matrimonio presidencial se les dice sin más “la pareja montonera”, cuando jamás estuvieron en esa organización y no se ha discutido aún con claridad los dislates o no que ha cometido en nuestro país. Dice, en fin, Copani: “Nunca discuto una crítica, sea como sea y venga de quien venga. Pero en este caso no recibí opiniones sobre la conformación estética del tema, de su métrica, de sus rimas, de sus sonidos, de la destreza para ejecutarla, sino una violenta y censuradora mirada hacia el contenido de mis ideas y mi conducta, bien típico de tiempos de inquisición y dictaduras”.
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Voy a citar ahora otro mail. Es de Hernán Nemi, que tiene 36 años, es profesor de Literatura en la Universidad de Morón, da clases en varios colegios secundarios y tiene un par de obras escritas para Teatro por la Identidad. (Esto lo torna muy sospechoso para la Argentina del odio y sus voceros comunicacionales. Porque la cosa también tiene este costado de destrucción fundamental: “¡Basta con esa cuestión de los derechos humanos! ¡Basta de juzgar a militares! ¡Basta de exhibir a Hebe de Bonafini en cada acto! ¡Ni a la Carlotto nos bancamos ya! ¡Eso terminó, es el pasado, hay que archivarlo!” O si no: “¡Hay que juzgar a los guerrilleros! ¿O no quedó alguno vivo?”.) Suscribo todo lo que dice Nemi, de modo que citarlo es hablar y decir por su medio, que es impecable, y exhibe una prosa inusual: “Se critica a Cristina por autoritaria: ¿qué otro presidente hubiera soportado cien días con rutas cortadas, desabastecimiento y amenazas constantes sin disparar un solo tiro ni reprimir en ninguno de los cientos de cortes de caminos que hubo? Entre el 19 y 20 de diciembre de 2001 murieron 31 personas en la represión del gobierno de De la Rúa a las manifestaciones populares. El matrimonio ‘montonero’ tuvo la actitud más tolerante y democrática frente a las protestas de la ciudadanía que se recuerde en toda la historia argentina”. Aquí sólo podríamos pulir la frase “toda la historia argentina”. Hubo otros gobiernos con tolerancia de democrática. Es cierto que, en este caso, el llamado “campo” ha paralizado el país y su abastecimiento. Se trata, sin más, de un acto de subversión absoluto que deteriora por completo el funcionamiento del país. Y a los piqueteros se los quería colgar por cortar una calle.
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Sigue Hernán Nemi: “¿Es éticamente correcto que la clase media y alta de Buenos Aires salgan a golpear cacerolas por las retenciones del campo cuando jamás las golpearon por las flacas jubilaciones que cobran nuestros viejos ni por los chicos que tienen hambre, ni por los sueldos docentes, ni por la carpa docente, ni por la privatización vergonzosa de nuestras empresas en los ’90?”. Y también: “¿Tiene autoridad moral la Sociedad Rural de pedir más institucionalidad cuando apoyó a cuanto gobierno de facto hubo en la Argentina? ¿Este campo hoy indignado es el mismo que aplaudió a Menem a lo largo de la década del 90? Sí, es el mismo”. Es siempre el mismo, Hernán: es el que recibió con atronadores aplausos a Juan Carlos Onganía cuando el dictador entró en el predio de la Sociedad Rural... ¡en carroza! El que abucheó a Alfonsín. El que respaldó a la patria financiera en el golpe de mercado. El que apoyó a Videla y negoció con Menem. Hoy, en esta Argentina del odio, es la clase heroica que representa los intereses de la patria. ¡Y con los periodistas progres a sus pies!
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Y, por fin, escribe Hernán: “Quienes piensan –legítimamente– que los ruralistas tienen razón, ¿por qué lo expresan a través de mails o comentarios tan agresivos, tan cargados de odio, tan faltos de argumentos racionales?, ¿qué nos pasa a los argentinos (y argentinas) que nos cuesta tanto bancarnos a una mujer como presidenta? Muchos de los adjetivos de esos mails –muchos de ellos enviados por mujeres– muestran el peor machismo: se la llama a Cristina ‘puta’, ‘conchuda’, ‘turra’, ‘tilinga’... Y al mismo tiempo, los argumentos brillan por su ausencia”.
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Es así, Hernán: pero eso de bancarse a una mujer como presidenta no nos pasa “a los argentinos”, sino a ciertos argentinos. Y si hiciera otra política le tirarían flores. No es que no se bancan a una mujer, no se bancan una política. El poder, en este país, es pragmático. Si hacés lo que yo te digo, lo que yo necesito, lo que llena mis arcas, estoy con vos y sos hermoso. No lo olviden: si el establishment argentino se bancó a Menem, se puede bancar a Drácula. Al sólo costo de que Drácula haga lo que ellos quieren.
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Publicado el Domingo, 29 de Junio de 2008 en Página 12
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(No confundir al autor de este artículo con el infame periodista que lleva el mismo apellido. Biografía de nuestro autor aquí: http://www.literatura.org/Feinman/Feinmann.html o aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Pablo_Feinmann)

1.13.2009

¡Soltando lastres!


Que lo entiendas no quiere decir que lo escuches. Soltando los lastres que me ato a tierra. Putos.

1.06.2009

Memorias del subsuelo... (II)

Sigo, entonces, hablando con toda tranquilidad de las personas de nervios bien templados que no pueden saborear ciertas sutiles voluptuosidades. Aunque estos señores bramen como toros en algunos casos y se enorgullezcan de ello, se derrumban, como ya he dicho, ante lo imposible: ante la pared de piedra. Pero ¿qué pared es ésa? Evidentemente, son las la leyes naturales, los resultados de las ciencias exactas. Si os dicen a vosotros, por ejemplo, que descienden del mono, es inútil torcer la boca: tendrán que aceptarlo. Si os prueban que una gota de su propia grasa es más estimable para vosotros que cien mil del prójimo, y que a eso van a parar las virtudes, las obligaciones, y demás fantasías y prejuicios, no os quedará otro remedio que admitirlo, porque dos y dos son cuatro. Esto es verdad, y no hay discusión posible.
"¡Perdone! - dirá alguno-. Pero entonces usted, ¿por qué protesta? Dos y dos son cuatro. A la naturaleza no le importan las pretensiones de usted; no le preocupan sus deseos; no le importa si sus leyes le convienen o no a usted. Usted debe aceptarla como es y aceptar todo lo que procede de ella. La pared es una pared...", etcétera. Pero ¿qué importan, Dios mío, las sabias leyes de la naturaleza y la impecable aritmética si, por un motivo u otro, esas leyes y ese "dos y dos son cuatro" no me placen? Evidentemente, no puedo romper la pared con la cabeza, porque mis fuerzas no alcanzan para ello; pero me niego a aceptarla simplemente porque sea de piedra y yo no tenga fuerzas para romperla.
¡Como si esa pared pudiera dar alguna paz! ¡Como si uno pudiera reconciliarse con lo imposible por el simple hecho de que se funda sobre el "dos y dos son cuatro"! ¡Es lo más ridículo que puede imaginarse!
¡Cuánto más terrible es entenderlo todo, tener clara conciencia de todas las imposibilidades, de todas las paredes de piedra, y decidir no humillarse ante ninguna de esas imposibilidades, ante ninguna de esas paredes si ello nos repugna! ¡Cuanto más difícil es llegar, siguiendo las deducciones lógicas, a la posición más desesperante respecto a nuestra parte de responsabilidad en la pared de piedra (aunque está muy claro que no tenemos nada que ver con eso), y, en consecuencia, hundimos, en silencio pero apretando los dientes con voluptuosidad, en la inercia, sin dejar de pensar que en verdad no podemos rebelarnos contra nadie, porque, sencillamente, no tenemos a nadie contra quién rebelarnos! ¡Y nunca lo tendremos, porque todo es una gran mentira, un engaño un caos! No sabemos de "qué" ni "quién", pero sí sabemos que por todos los engaños y por toda nuestra ignorancia, sufrimos, y tanto más cuanto menos comprendemos.



Fragmento de memorias del subsuelo - Fiodor Dostoievski

Memorias del subsuelo... (I)

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El siguiente texto, es una transcripción literal de lo expuesto oralmente por José Pablo Feinmann en su programa de T.V "Filosofía aquí y ahora".
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Derivaciones de Nietzsche.
Estábamos en Nietzsche y estuvimos largamente en Nietzsche, y esa negación del mundo suprasensible que hace Nietzsche, lo lleva a la valorización del mundo de los sensible; la valorización del mundo de lo sensible venía en Nietzche de un estudio que había hecho en su primer libro "El origen de la tragedia" (o el nacimiento de la tragedia) sobre el culto dionisíaco; el culto dionisíaco era aquél que daba, digamos, rienda libre, que liberaba los instintos a partir de la magia, de la fiesta de la embriaguez. En esa liberación de los instintos el hombre se atreve a algo realmente peligroso: perder la centralidad de su yo, perder la centralidad de su racionalidad y entregarse al mundo de lo instintual, de lo instintivo. Lo dionisíaco, de éste modo, es toda una cultura a la que hay que atreverse, porque en ella lo que se gana es mucho pero lo que se pierde también es mucho. Lo que se pierde es la razón, y ustedes saben que esta frase de "perder la razón" es una de las frases que expresa la locura. Entonces, la fiesta dionisíaca es la fiesta de lo instintivo y la fiesta del sofocamiento de la razón.¿A dónde vamos luego de ésto?
Por supuesto, el que ha tomado de aquí a manos llenas es el maestro vienés, o sea, Sigmud Freud; éste Señor cuya frase fudamental para mí es: "Un cigarro a veces es un cigarro", cosa que debemos entenderla muy bien; bueno, del psicoanálisis no vamos a hablar mucho, aparte, les confieso, yo conozco más del psicoanálisis más desde el diván que desde los libros. Pero Sigmund Freud abrevó profundamente en el pensamiento de Nietzsche. Toda esta exaltación de lo instintivo a la cual el hombre accede a través de la festividad dionosíaca y de la embriaguez, es el hombre que se libera de todas las ataduras que la sociedad le ha puesto; la sociedad a maniatado a los individuos para permitirles vivir en ella. Por ejemplo, si nosotros pensamos en el surgimiento del Estado Moderno en el texto de Hobbes "El Leviatán", ahí todos los integrantes de lo anterior al Leviatán, del mundo anterior al de la constitución del estado, vivían en un estado de guerra permanente y en ese estado de guerra permanente Hobbes define ese estado de guerra de todos contra todos y el hombre es el lobo del hombre, "Homo omni lupus"; como el hombre sabe que es el lobo del hombre le entrega al Estado su voluntad; entonces el contrato consiste en que para evitar la guerra de todos contra todos, todos le entregan al Estado la decisión sobre todos. Así se establece el contrato entre el Estado y sus miembros a través del Estado Hobbesiano; pero ese Estado Burgués que Hobbes delinea, nace justamente, sometiendo, sofocando, maniatando a los hombres, porque si se los deja sueltos se matan entre ellos.

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Lo que dijo Nietzsche es lo que va a retomar Freud. Freud escribe muchos textos, pero el texto más filosófico de Freud es de 1930 y se llama "El malestar en la cultura". ¿Qué es ésto de la palabra "malestar"?, (pero antes... otra cosa, 1930, faltan tres años para que Hitler sea canciller del Reich, o sea, son tiempos oscuros, tiempos, digamos, intresantes, según la maldición china -no sé si ustedes saben que hay una maldición china y que es la peor de las maldiciónes chinas y que consiste en decirle a uno: "ojalá vivas tiempos interesantes".- En la Argentina hemos vivido demasiados tiempos interesantes. Es hora de que vivamos tiempos un poco aburridos.) Pero los "tiempos interesantes" son los tiempos más terribles, más agitados, más macabros de la historia.
Esa era una historicidad muy interesante la que estaba viviendo Freud, el fin de la República de Weimar, era el fin de Hindenburg, era el ascenso de Hitler al poder en 1933 y ahí en medio de ese marco, indudablemente pesimista es que Freud escribe "El malestar en la cultura"; y éste "malestar" es el siguiente: La cultura para poder realizarse tiene que sofocar los instintos primarios, primitivos, esenciales del hombre. Los instintos que naturalmente surgen del hombre, la sociedad los tiene que sofocar, los tiene que maniatar para poder construir la cultura. Entonces, la cultura vive en perpetuo malestar, va a decir Freud, porque la condición de posibilidad de que exista una cultura, es que los hombres sofoquen, aten, sujeten sus instintos más primarios; aquellos que harían de ellos, precisamente, las bestias feroces, las aves de rapiña que Nietzsche tanto admiraba.
Para el hombre de la cultura que describe Freud, el dionisísmo Nietzscheano está sujetado, atado, sofocado..."Usted no va a ir a ningún festín dionisíaco; usted se queda en su casa, va a trabajar" y ésto es la cultura, la cultura se hace así. Entonces, la cultura, dice Freud, se basa en la represión. Todos tenemos que reprimir nuestros instintos para que la cultura pueda realizarse. Se basa en el sofocamiento, y hay un instinto que sobre todo, es el que va a decir Freud, es el que hay que reprimir, y es el instinto sexual. El instinto sexual es el instinto fundamental que el hombre tiene que reprimir. Ahora bien, todo ésto no es algo que no tenga consecuencias, reprimir todo ésto genera la Neurosis; o sea, el hombre de la cultura es un neurótico porque ha reprimido en el sus instintos fundamentales y sobre todo el principal de ellos, el instinto sexual.
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Marx y Freud y Nietzsche van a ser los que más van a cuestionar ese "cogito cartesiano" que vimos al comienzo de nuestros encuentros. Porque ustedes observen que Freud aquí va a decir: ¿Qué cogito cartesiano, de qué pensamiento me está hablando Descartes? Si lo que yo veo es que ese pensamiento hecho razón y hecho sociedad burguesa, lo que hace es maniatar a los hombres hasta sofocar y eliminar en ellos sus instintos primarios, los más ricos, los que harían de ellos seres plenos, vitales, saludables, entregados a la gloria de la vida; por el contrario, están sometidos al malestar de la cultura, a la vida gris de la cultura; es decir, matan en ellos lo más exaltado, primario, y valioso que podrían tener.
Si los hombres librados a sus propios instintos se matan entre sí hay que imponerles la cultura para que puedan vivir juntos, pero al vivir juntos..."vivir juntos" significa: éste sofocamiento de sus institos.

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El hombre es un ser patético al que Freud va a definir como "un dios con prótesis" en este libro hermoso de Freud que es "El malestar en la cultura". Esta idea de un dios con prótesis es muy interesante para pensarla actualmente porque un dios con prótesis -lo que hace referencia aquí Freud es a la técnica- la técnica es la prótesis del hombre, las prótesis del hombre son, justamete, los poderosos instrumentos técnicos de los que se vale para devastar la naturaleza, para hacer las guerras, para incluso, instaurar los campos de exterminio.
El hombre no es una criatura tierna..."ama a tu prójimo como a tí mismo", al contrario, el hombre es una criatura belicosa con instintos de agresividad muy poderosos, y efectivamente el hombre es el lobo para el hombre. Entonces, Freud encuentra dos elementos fundamentales en el hombre, que son: El Eros y la Pulsión de Muerte. Freud no usa la palara "Tanatos" (porque frecuentemente se dice "eros y tanatos", pero es un error), Freud habla de la "pulsión de muerte". El "Eros" es la fuerza del amor y la "pulsión de muerte" es la fuerza de la destrucción. Lo que va a decir Freud es que estas dos potencias que están en la interioridad del hombre se enfrentan constantemente. Y lo que va a decir es que las pulsiónes instintivas son más poderosas que las racionales y que el ve que éste mundo está cada vez más dominado por la pulsión de muerte, donde sea que el eros pueda imponerse, porque el eros es la fuerza del amor, pero que vé con enorme desazón que la pulsión de muerte triunfa una y otra vez sobre el eros. Enorme influencia en Freud y en Nietzsche tuvo Fiodor Dostoievsky que escribió un libro "Memorias del subsuelo", que es realmente una de las cumbres del pensamiento -recomiendo su lectura fervorosamente-, es un libro pequeño en el cual Dostoievsky dice que el hombre propende a la detrucción y al caos, que si "dos más dos son cuatro", "dos más dos son cinco", y eso le place más, le gusta más; ustedes observen que "dos más dos son cuatro" es lo apolíneo, "dos más dos son cinco" es ya la irracionalidad dionisíaca. Dostoievsky también dice, en "memorias del subsuelo": De la historia, de la historia se podrá decir cualquier cosa menos que es prudente, y de algún modo la dialéctica Hegeliana, ésta es la crítica que le va a hacer la Escuela de Frankfurt, que la dialéctica de Hegel es algo prudente porque establece un "telos" una finalidad, una teleología en la historia; la historia se desarrolla racionalmente. Como vemos a éste desarrollo racional de la historia, Marx, Nietzsche, Freud y Dostoievsky la han castigado muy, muy severamente. Pero yo diría que, todavía con más fuerza, Nietzsche y Freud han castigado la racionalidad en la historia, porque Marx incorpora mucho Hegelianismo en su concepción de la historia.

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Ahora... Hay en el siglo XX una escuela, a la que se le llama la Escuela de Frankfurt, que viene a repensar todos estos problemas desde una perspectiva ya definitivamente trágica. En 1940 Theodor Adorno y Marx Horkheimer trabajan en un texto que finalmente se le va a llamar "Diléctica del iluminismo" que terminan en 1944 y se publica en 1949. La dialéctica del iluminismo, tiene un pasaje de profunda, pero profundísima influencia nietzscheana o freudeana, ahí brillatemente Adorno y Horkhemimer trazan "la parábola de Odiseo". ¿Qué hace Odiseo? Odiseo sabe que en deteminado momento, su barco, con el cual retorna a su hogar, va a pasar por una zona en la cual están las sirenas; éstas sirenas cantan y parece que su canto es tan embriagador que enloquece a los hombres; entonces, ¿Qué hace Odiseo? Odiseo pone cera en los oidos de todos aquellos que tienen que ir remando para que su barco avance y ordena que a él lo maniaten a un mástil, o sea, se hace atar, éste es el hombre de la cultura moderna, el hombre que se hace atar para no permitirse enloquecer entregándose a sus instintos. Ustedes observen la riqueza del pensamiento de Nietzsche, la riqueza del pensamiento de Freud. Y aquí, aquí surge uno de los pasajes más brillantes de "Dialéctica del iluminismo" y que reinterpreta a la Odisea de Homero. O sea, entonces, Odiseo se hace atar al mástil tal como el hombre moderno se hace atar, sujetar a tantas cosas para que la cultura sea posible...Entonces se hace atar al mástil y escucha el canto de las sirenas pero, si bien enloquece, no va hacia ellas porque sabe que ir hacia ellas es perderse, es extraviarse para siempre.... dejar de ser un animal racional.
Entonces, ésta parábola de Odiseo es la que usan Adorno y Horkheimer para mostrar que la razón humana esclaviza a los hombres. Pero va a morstrar algo mucho más terrible; lo que van a decir Adorno y Horkheimer, y con ésto se inicia una línea de meditaión muy profunda en el siglo XX, es que esa razón, que si bien surge en Descartes, por supuesto, y se consolida en la razón iluminista durante la Revolución Francesa, la época de las luces, la época de la diosa razón, la época del iluminismo, entonces lo que van a decir Adorno y Horkheimer es que ésta razón, que digimos que era la razón del capitalismo surgida con Descartes y que triunfa en la revolución Francesa, ésta racionalidad de la ilustración, van a decir, tiene una dialéctica y ésta dialéctica lo que hace es, en efecto, lo que mostraron Nietzsche y Freud, que encadena a los hombres, aniquila sus instintos y los somete a las reglas de la razón capitalista burguesa, pero, van a decir, ésta razón finalmente lleva a un enfrentamiento tan trágico, tan trágico, tan cruento, tan despiadado, que lleva finalmente a los campos de exterminio.
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Adorno y Horkheimer van a decir que esta razón iluminista a donde finalmente conduce es a la utilización de la razón para la masacre masiva. La masacre masiva generalmente se cree que se hace en medio de la pasión, de la pasionalidad del odio, pero no es así; lo que van a decir Adorno, Horkheimer, lo que va a decir Hannah Arendt, lo que va a decir Paul Celan, lo que va a decir Primo Levi, lo que van a decir todos los filósofos que van a pensar hondamente el holocausto, es que, justamente, el holocausto se realizó por medio de "la razón como instrumento" del masacramiento de los cuerpos de los campos de exterminio; o sea, que en los campos de exterminio, lo que se explicita ahí, es la racionalidad de la muerte; y Primo Levi (ecritor italiano de origen judío), que es un sobreviviente de Auschwitz, que es un extraordinario escritor, que escribió dos libros maravillosos "Los hundidos y los salvados" y "Si ésto es un hombre", tiene una frase muy importante que dice: "Existe Auschwitz y no existe dios"; es una versión diferenciada, mucho más dolorosa del "dios ha muerto " de Nietzsche, pero lo que está diciendo Primo Levi es justamente eso, cómo pudo existir Auschwitz si hubiera existido dios, entonces dice, si existe Auschwitz no existió dios; y cuando Hannah Arendt habla de la banalidad del mal, lo que está diciendo es que justamente la razón del capitalismo burgués se pone friamente al servicio del exterminio y que el burócrata del crimen, el burócrata de la masacre, que es Adolf Hedeman, hace el mal sin pasión, ésta frase extraordinaria "el mal sin pasión" es de Sarmiento, en el Facundo; Sarmiento decía que Rosas hacía el mal sin pasión, Sarmiento era tan genial que fué capaz de anticiparse a éste concepto de Annah Arendt. Entonces, lo que va a decir Hannah Arendt en Hickman, en Jerusalén, un ensayo sobre la banalidad del mal, es que el mal se hace burocráticamente, que se puede hacer el mal burocráticamente.
En la película excepcional de Stanley Kramer, "Juicio en Núremberg", un juez nazi le pregunta a uno de los ejecutores de los campos: ¿Cómo fue posible hacer eso, cómo fue posible que ustedes mataran a millones de personas? y el verdugo le dice: Fue posible ¿Cómo no iba a ser posible? Lo difícil no era matarlos, lo difícil era desprenderse de los cadáveres. O sea, como vemos, lo difícil era una cuestión instrumental. Entonces..."Razón Instrumental" es cómo Adorno y Horkheimer van a llamar a la Razón del iluminismo, a la razón de las luces que surge con la Revolución Francesa y, según Adorno y Horkheimer, termina en los campos de exterminio. Este texto, Adorno y Horkheimer, y con ésto quiero acercarme al final de estos encuentros que hemos tenido de Filosofía, el texto "Dialéctica del iluminismo" está basado en un texto excepcional de Walter Benjamin que se llama "Tesis sobre la filosofía de la historia"; y Benjamin tenía una frase que decía...(voy a decir brevemente que Benjamin murió en la frontera franco-española, envenenándose, suicidándose, porque el día que llegó para pasar a España y salvarse de la Gestapo que lo venía persiguiendo, España cerró la frontera, entonces Benjamin se suicidó)... La frase de Walter Benjamin, uno de los más grandes pensadores del siglo XX, es: "Solo por nuestro amor a los desesperados conservamos todavía la esperanza". Bueno, yo creo que es así, que tenemos la obligación de conservar la esperanza porque hay todavía demasiados desesperados en este mundo; en consecuencia, no podemos darnos el lujo de la desesperanza.

1.01.2009

Los AMO


Cerré el año de la mejor manera, con dos de las mejores personas que la vida me puso en el camino. Los amo. En la foto: Lula, Mauro y el Pelado.