1942
En enero de 1942, el oficial de las SS Reinhard Heydrich convocó a una reunión de oficiales del gobierno nazi para presentar la Solución Final. En esta reunión, conocida como la Conferencia Wannsee, los oficiales nazis acordaron los planes de las SS acerca del transporte y aniquilación de la totalidad de los 11 millones de judíos de Europa. Los nazis usarían los últimos avances en la tecnología del siglo veinte, ingeniería de alto rendimiento y técnicas de producción en masa, con el único propósito de exterminar a los siguientes grupos raciales: judíos, prisioneros de guerra rusos y gitanos. El Secretario de Asuntos Exteriores Británico Eden informa a la Cámara de los Comunes que los nazis están "ahora llevando a cabo el reiterado intento de Hitler de exterminar a los judíos de Europa". Habiendo comenzado a principios de 1942, el genocidio judío entró en etapa de plena operación.
Vista de las cocinas de los barracones, el cerco electrificado y el portón de entrada al campo principal de Auschwitz (Auschwitz I). En el frente está el anuncio "Arbeit Macht Frei" (El trabajo nos libera).

La mayoría de los prisioneros llegaba al campo por tren, con frecuencia luego de un terrible viaje en vagones de carga que duraba varios días. A partir de 1944 se extendió la vía del tren para que entrara directamente al campo. Algunas veces, al llegar el tren, los prisioneros eran pasados directamente a las cámaras de gas. En otras ocasiones, los nazis seleccionaban prisioneros, para ser enviados a campos de trabajo o para realizar experimentos. En general los niños, los ancianos y los enfermos eran enviados directamente a las cámaras de gas.
Cuando un prisionero superaba la selección inicial, era enviado a pasar un período de cuarentena y luego se le asignaba una tarea o era enviado a alguno de los campos de trabajo anexos.
Aquellos que resultaban seleccionados para la exterminación, eran trasladados a uno de los grandes complejos de cámaras de gas/crematorio hacia los extremos del campo. Dos de los crematorios tenían instalaciones subterráneas, una sala para desvestirse y una cámara de gas con capacidad para miles de personas. Para evitar el pánico, se les informaba a las víctimas que recibirían allí una ducha y un tratamiento desinfectante. La cámara de gas inclusive tenía tuberías para duchas, si bien nunca fueron conectadas con el servicio de agua. Se les ordenaba a las víctimas que se desnudaran y dejaran sus pertenencias en el vestidor, donde supuestamente las podrían recuperar al final del tratamiento, de manera que debían recordar el número de la ubicación de sus pertenencias. Una vez sellada la entrada, se descargaba el agente tóxico Zyklon B por las aperturas en el techo. Las cámaras de gas en los crematorios IV y V tenían instalaciones en la superficie y el Zyklon B se introducía por ventanas especiales en las paredes. Una vez arrojado el Zyklon B se esperaba unos 25 minutos y se observaba en una mirilla la ausencia de actividad, se procedía a evacuar y ventilar el recinto y se retiraban los cuerpos a un sector para una revisión final. En esta revisión se les extraían los dientes postizos de oro, anillos, pendientes u otros objetos y se revisaban los orificios corporales en busca de joyas. Luego de revisados, los cuerpos eran llevados a una sala de hornos o crematorios anexa por prisioneros seleccionados, donde eran quemados. Una chimenea alta expulsaba los gases nauseabundos hacia la atmósfera.
Olvidar el pasado es condenarse a revivirlo. Ni olvido ni perdón. Ya sean treinta mil argentinos o seis millones de judíos. Evitar estos hechos de irracionalidad es responsabilidad de todos.
Como reflexión final: en una ocasión un profesor de colegio me dejó esta frase de Stalin, un muerto es una tragedia, varios son una estadística. Los nazis no mataron seis millones de judíos. Tomaron sólo uno, y lo mataron seis millones de veces...