3.01.2007

Math

Matemática. Suena un poco raro. Complicado, difícil. Y... sí, es difícil, es hartante y tiene sus miserias. Como todo. Sólo que en sí lleva un mensaje, casi una forma de ver el mundo. Lamentablemente son varias las causas que la hacen una cosa de pocos. Prejuicios, creencias, mitos. Hay un cierto hábito entre algunos que hacen matemática, que es el de dividir al mundo entre matemáticos y no matemáticos. Entre gente que manya algo, y la que no entiende nada. Esta división es claramente taxativa, limita a la gente no habituada a una posición de la que por natura no pueden salir, es decir, salamanca non presta. Hay otro dicho, que más o menos reza así: "los biólogos se creen químicos, los químicos se creen físicos, los físicos se creen Dios, y Dios se cree matemático". Es cierto que en el ambiente hay un claro conocimiento del asombroso trasfondo matemático que hay en el mundo conocido. Mas es importante remarcar que no es de nuestra tarea la explicación del mundo, ni ningún por qué, ni la aplicación práctica de la lógica y los razonamientos que hacemos. Y, fundamentalmente , no somos mejores que otros. Los antes nombrados, han logrado avances impresionantes.
La tarea en la que nos embarcamos es la de hacer razonamientos. El matemático puro, el investigador, desarrolla sus ideas sin ver las aplicaciones. El que desarrolló las geometrías no euclidianas no preveía la bomba atómica. Y sí, una es consecuencia, lejana, pero conscuencia al fin de la otra. Pensar, pensamiento puro. Los juicios de la matemática son necesarios y universales. No pueden ser de otra forma, jamás la experiencia los va a desmentir (porque no tienen nada que ver con ella) y son desde siempre y para siempre. Y es lindo saber eso. Es lindo saber que un marciano que aterrice en la tierra en el año 3000 haya tenido que haber resuelto ecuaciones diferenciales. Es lindo que desde Tales, que inventó la demostración, (y sí, suena raro, pero el triángulo isósceles también fue inventado, fue idea de alguien), desde Euclides con sus monumentales elementos, no se ha dado un paso en retroceso. Lo que escribió Euclides sigue siendo tan cierto como hace dos mil años. La gente lo sigue usando. Y tal vez algún día tal vez cualquiera de nosotros razone correctamente donde no lo hayan hecho otros, y su pensamiento quede plasmado en la eternidad.
Y otra vez el desconcierto. Pero para hacer matemática no es necesario un razonamiento digno de pasar a la eternidad. Uno calcula todo el tiempo. Al calcular el vuelto de un supermercado uno usa la misma equis que se odiaba desde quinto o sexto grado. Uno usa ecuaciones, axiomas, corolarios a cada instante. Sólo que no se tiene conciencia. Lo tenemos tan incorporado que es nuestra forma de ver el mundo. Nos sirve para llevar situaciones variables a lugares conocidos donde podemos operar a gusto y piacere. O no tanto.
La matemática da una sensación de libertad que no dan otras actividades. Uno no tiene que hacerle caso a la opinión de nadie. No existen los "me parece...". Si alguien emite un jucio debe fundamentarlo. Por ende, el juicio se sostiene solo. El emisor sólo se lleva la gloria por haber "destrabado" la cuestión, pero no tiene más verdad que cualquier otro mortal.
La matemática es un juego. Con reglas, un poco más, un poco menos locas, pero reglas al fin. Y nosotros los matemáticos, jugamos. Hacemos movidas, tomamos caminos, a veces retrocedemos diez casilleros, hasta que uno va sorteando obstáculos. A veces el camino no lleva a ningún lado. Pero tan cierto es también que es magistral el camino, el haberlo pensado. Equivocaciones que han sido enormemente fructíferos, porque alguien, a pesar de estar siguiendo una pista falsa, también puede desarrollar métodos fantásticos de trabajo.
Un matemático se siente menos científico y más artista. Nosotros no tenemos laboratorio. Sólo lápiz, papel y nuestra mente. Que es increíble. Allí adentro entran cosas que son innombrables. El infinito es innombrable, uno no puede “tenerlo en la mano”, es increíblemente grande, entonces lo manejamos sin nombrarlo como si fuera manipular algo tóxico hasta que finalmente nos podemos deshacer de él sin problemas.
Para un matemático, sus ideas son su música. Hay casos en que son tan profundas que es un viaje interminable entre pasajes profundos y livianos, métodos simples y efectivos, y pensamientos completamente abstractos y complejos.Sin embargo, es razonable la aversión comúnmente sentida hacia ella. En la educación inicial y media, uno se ve obligado a acatar la autoridad del mayor, del adulto, memorizando reglas y procesos, y haciendo las cosas de modo tal que es el único, el mejor y que no puede ser otro. Y obedecer si no se entienden las razones es feo. Y se le quitan las alas de libertad al pensamiento. Ser revolucionario, pero desde las ideas. Esa es la cuestión

1 comentario:

*...Cassandra...* dijo...

Si, estoy de acuerdo. Los dedicados a la matematica comparten con los artistas ese maldito ego que los caracteriza.